miércoles, 29 de abril de 2026

El síndrome de Doña Florinda

 

Cuando en 1973 Roberto Gómez Bolaños (Chespirito) creó la serie de humor "El Chavo del 8" no imaginó que su personaje Doña Florinda iba a dar pie a uno de los tres síndromes que infectan al pueblo trabajador de América Latina y, por qué no, al mundo entero. El síndrome de Doña Florinda fue acuñado por #RafaelTon, que escribió un libro con ese título. 

Los "Doña Florinda" o "Don Florindo" son las personas pobres que odian o desprecian a sus pares. Es decir a sus vecinos o gente de su clase social. Los doña Florinda no son de clase media... son pobres. Algunos de ellos (ellas) viven en barrios de clase media para creerse lo que no son. Todos en la vecindad del Chavo del 8 eran pobres, porque todos ellos eran dueños de nada. No tenían casa propia y debían pagar mes a mes el derecho a un techo a un obeso recaudador llamado Señor Barriga. Doña Florinda era tan pobre como todos, excepto por una pensión que le dejó don Federico (el papá de Quico), un marino mercante que se perdió en alta mar. Con esa pensión pagaba religiosamente la renta y mantenía muy limpio y elegante a Quico en su traje de marinerito, además de comprarle todos los juguetes y caramelos que a Quico se le antojaban. Mientras lo miraba el Chavo... siempre con hambre. 

Como detestaba a sus vecinos, doña Florinda andaba siempre enojada. Con una mueca en el rostro, como oliendo caca. Sólo sonreía cuando aparecía el profesor Jirafales, con un humilde ramo de rosas. El maestro Longaniza también era pobre, cobraba el salario mensual de un profesor de la educación pública. Como odian a los de su clase los doña Florinda votan a la derecha... o a los intereses de la derecha. Putean cuando escuchan la palabra socialismo o populismo, mientras le meten más papas a la olla para hacer rendir el guiso. Repiten como loros "no queremos ser Venezuela", como si vivieran en Manhattan o el Principado de Mónaco. Y no se juntan con la chusma. Aunque Doña Florinda colgaba sus calzones en el mismo tendal donde don Ramón colgaba sus calzoncillos. 

Los tres síndromes que infectan la clase obrera y trabajadora son: -El síndrome del Tío Tom. -El síndrome de doña Florinda. -Y el síndrome de Stephen Candie (el peor de todos, en referencia al criado negro de la película "Django encadenado", interpretado por Samuel Jackson) Demasiados síndromes están enquistados en la clase trabajadora, para suerte de los ricos y poderosos. Y para desgracia de tantos niños con hambre y sin futuro, como el Chavo del 8.

Tomado de la web.

Publicado por JEAC.



viernes, 27 de marzo de 2026

Cómo pasó?


 No colapsó de golpe… se fue apagando

Murió la educación,

nació la ignorancia,

agoniza la inteligencia,

y emerge la estupidez…

así estamos.

No fue un accidente.

Fue un proceso lento… y cómodo.

Primero dejamos de cuestionar.

Luego dejamos de aprender.

Después empezamos a repetir… sin entender.

Y hoy:

Se celebra lo superficial.

Se ridiculiza al que piensa.

Se premia al que hace ruido… no al que tiene criterio.

La educación dejó de ser prioridad.

La ignorancia dejó de dar vergüenza.

Y la inteligencia… empezó a incomodar.

Porque pensar exige esfuerzo.

Y en un mundo que busca lo fácil, lo rápido y lo inmediato…

la profundidad estorba.

Pero aquí está la verdad que pocos quieren aceptar:

No es que falten oportunidades.

Falta disciplina para usarlas.

No es que no haya información.

Nunca hubo tanta.

Lo que falta… es la voluntad de dejar de ser manipulado.

Y mientras muchos se conforman con lo mínimo…

unos pocos siguen leyendo, cuestionando, aprendiendo.

En silencio.

Sin aplausos.

Sin validación.

Porque entendieron algo que cambia todo:

Pensar por uno mismo es el acto más rebelde de esta época.

Autor desconocido.

Publicado por JEAC.


lunes, 16 de febrero de 2026

Genoveva Rios


 14 / 2 / 1879

Ocupación de Antofagasta.

Genoveva Rios:

El periódico paceño El Comercio informó los sucesos de aquel amargo amanecer del 14 de febrero de 1879, día en que desembarcaron del buque Blanco Encalada cientos de soldados chilenos en el puerto de Antofagasta.

De aquel desventurado día para el pueblo boliviano, el periódico paceño insertó en sus páginas una breve crónica: “El hecho heroico de la niña Genoveva Ríos, quien no vaciló en exponer su propia vida para proteger la bandera nacional para que no caiga en manos de los ensañados invasores.”

El comandante de la expedición chilena, Cnl. Emilio Sotomayor, antes de la invasión envió un emisario al Prefecto del Departamento del Litoral, Cnl. 

Severino Zapata, pidiéndole su rendición y la inmediata desocupación del puerto. Al recibir la nota intimidatoria, el Prefecto protestó enérgicamente y se negó a entregar Antofagasta.

A las 11 de la mañana las tropas chilenas ya habían tomado el puerto de Antofagasta, mientras otro grupo de soldados rodeó la Prefectura arrancando la bandera y el escudo colocados en el frontis, destruyéndolos con saña. Luego, los usurpadores procedieron a izar su bandera en el mástil de la representación boliviana.

En los momentos de confusión, los soldados chilenos no se percataron que la bandera boliviana del edificio de la Intendencia de la Policía aún flameaba altiva y orgullosa en su propiedad; pero alguien ya la había visto, era la niña Genoveva Ríos, muchachita de 14 años de edad, hija del Comisario, Don Clemente Ríos, quien sin dudar decidió protegerla de los ultrajes y ofensas de los usurpadores chilenos.

Con apuro y temor, aprovechando el desorden de esos instantes, la niña Ríos bajó la enseña patria del mástil, la dobló y escondió dentro de las prendas que vestía, evitando así que cayera en manos del enemigo enfurecido y que corriera la misma suerte de las instalaciones de la Prefectura.

Sigilosamente abandonó las instalaciones de la Intendencia para reunirse con sus padres y buscar refugio. Con esta muestra de patriotismo que debemos emular, esta niña heroína salvó nuestra bandera nacional.

Tomado de la web.

Publicado por JEAC.