Sófocles estrenó esta tragedia en el año 441 antes de nuestra era, y sin embargo el conflicto que plantea no ha envejecido ni un solo día. Antígona no niega que Creonte tenga autoridad legal; lo que niega es que esa autoridad sea absoluta, que pueda extenderse sin límite sobre convicciones morales que ella considera superiores a cualquier decreto humano. Esa distinción —entre lo que es legal y lo que es justo, entre la ley escrita y la ley que cada conciencia reconoce sin que nadie se la enseñe— sigue siendo el fundamento filosófico de cada movimiento de desobediencia civil que ha existido desde entonces.
Cuando alguien hoy se enfrenta a una norma que considera injusta y decide desobedecerla públicamente, aceptando las consecuencias en lugar de ocultarse, está repitiendo, casi palabra por palabra, el gesto que Antígona hizo por primera vez frente a Creonte hace casi dos mil quinientos años. La tragedia no está en que ella tuviera razón o no la tuviera. Está en el precio que ambos bandos, la ley y la conciencia, terminaron pagando por no encontrar, a tiempo, un punto donde pudieran ceder el uno frente al otro.
Tomado de la web.
Publicado por JEAC.






