viernes, 20 de mayo de 2022

Libertad, una palabra enorme


Libertad, una palabra enorme (Cuento)

Mario Benedetti

Libertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad. Mientras dura la libertad, una pasa, una juega, una no tiene por qué estudiar. Se dice que un país es libre cuando una mujer cualquiera o un hombre cualquiera hace lo que se le antoja. Pero hasta los países libres tienen cosas muy prohibidas. Por ejemplo matar. Eso sí, se pueden matar mosquitos y cucarachas, y también vacas para hacer churrascos. Por ejemplo está prohibido robar, aunque no es grave que una se quede con algún vuelto cuando Graciela, que es mi mami, me encarga alguna compra. Por ejemplo está prohibido llegar tarde a la escuela, aunque en este caso hay que hacer una cartita, mejor dicho la tiene que hacer Graciela, justificando por qué. Así dice la maestra: justificando.

Libertad quiere decir muchas cosas. Por ejemplo, si una no está presa, se dice que está en libertad. Pero mi papá está preso y sin embargo está en Libertad, porque así se llama la cárcel donde está hace ya muchos años. A eso el tío Rolando lo llama qué sarcasmo. Un día le conté a mi amiga Angélica que la cárcel en que está mi papá se llama Libertad y que el tío Rolando había dicho qué sarcasmo y a mi amiga Angélica le gustó tanto la palabra que cuando su padrino le regaló un perrito le puso de nombre Sarcasmo. Mi papá es un preso pero no porque haya matado o robado o llegado tarde a la escuela. Graciela dice que mi papá está en Libertad, o sea preso, por sus ideas. Parece que mi papá era famoso por sus ideas. Yo también a veces tengo ideas, pero todavía no soy famosa. Por eso no estoy en Libertad, o sea que no estoy presa.

Si yo estuviera presa, me gustaría que dos de mis muñecas, la Toti y la Mónica, fueran también presas políticas. Porque a mí me gusta dormirme abrazada por los menos a la Toti. A la Mónica no tanto, porque es muy gruñona. Yo nunca le pego, sobre todo para darle ese buen ejemplo a Graciela.

Ella me ha pegado pocas veces, pero cuando lo hace yo quisiera tener muchísima libertad. Cuando me pega o me rezonga, yo le digo Ella, porque a ella no le gusta que la llame así. Es claro que tengo que estar muy alunada para llamarla Ella. Si por ejemplo viene mi abuelo y me pregunta dónde está tu madre, y yo le contesto Ella está en la cocina, ya todo el mundo sabe que estoy alunada, porque si no estoy alunada digo solamente Graciela está en la cocina. Mi abuelo siempre dice que yo salí la más alunada de la familia y eso a mí me deja muy contenta. A Graciela tampoco le gusta demasiado que yo la llame Graciela, pero yo la llamo así porque es un nombre lindo. Solo cuando la quiero muchísimo, cuando la adoro y la beso y la estrujo y ella me dice ay chiquilina no me estrujes así, entonces sí la llamo mamá o mami, y Graciela se conmueve y se pone muy tiernita y me acaricia el pelo, y eso no sería así ni sería tan bueno si yo le dijera mamá o mami por cualquier pavada.

O sea que la libertad es una palabra enorme. Graciela dice que ser un preso político como mi papá no es ninguna vergüenza. Que es casi un orgullo. ¿Por qué casi? Es orgullo o es vergüenza. ¿Le gustaría que yo dijera que es casi vergüenza? Yo estoy orgullosa, no casi orgullosa, de mi papá, porque tuvo muchísimas ideas, tantas y tantísimas que lo metieron preso por ellas. Yo creo que ahora mi papá seguirá teniendo ideas, pero es casi seguro que no se las dice a nadie, porque si las dice, cuando salga de Libertad para vivir en libertad, lo pueden meter otra vez en Libertad. ¿Ven como es enorme?

Publicado por JEAC. 

jueves, 5 de mayo de 2022

Zapatos nuevos

 

Amita es maestra en una escuela rural.  Siempre encuentra una buena idea para motivar a sus queridos alumnos a los que tanto quiere. 
Hoy es día de evaluación.  Para animar a sus alumnos a esforzarse y concentrarse en su trabajo, les promete que ofrecerá un regalo al que obtenga la mejor nota y que este regalo será un bonito par de zapatos.
 Los alumnos comenzaron a escribir con entusiasmo y cada uno de ellos quería ser mejor.
 ¡Después de recoger las hojas, la maestra se sorprendió al ver que todos los estudiantes respondieron las preguntas perfectamente!
 Elogió a sus alumnos por su esfuerzo y buen hacer, pero estaba confundida:
 “¿A quién le daré este regalo?”, pensó para sí misma.
 La profesora pide la opinión de sus alumnos.  ¡Todos le ofrecen un sorteo que, además, es la mejor solución!
 Después de que todos hayan aprobado esta solución, la maestra les pide que escriban su nombre y apellido en una hoja de papel y luego los coloquen en la caja en su escritorio. 
Los mezcla bien y le pide a un estudiante que elija uno al azar. 
La feliz y afortunada ganadora es una niña llamada: "Amenan Sarah".
 Bajo los vítores y aplausos de los alumnos, la pequeña muy emocionada se adelanta a recibir su regalo, un regalo que necesita desesperadamente en este momento.
 Esta estudiante pertenece a una familia numerosa muy pobre, su padre quedó discapacitado luego de un grave accidente laboral y su madre trabaja lo más posible como empleada de limpieza, su salario no alcanza para cubrir las necesidades de su hija y sus hermanos, Es por ello que este último siempre calzaba los mismos zapatos gastados del año pasado.
 Con lágrimas de alegría, Amenan Sarah recibe su hermoso regalo, abraza a su maestra y agradece a sus compañeros al borde de las lágrimas.
 Cuando Amita regresa a casa, le cuenta todo a su esposo, quien la anima y le dice que está muy orgulloso de ella.  ¡Pero de repente la mujer comienza a llorar!  Sorprendido, su esposo le pregunta:
 "¿Por qué lloras cariño?"
 Limpiándose las lágrimas, ella le explica:
 - "Cuando los estudiantes salieron de la clase, revisé todas las demás hojas de papel destinadas al sorteo, encontré que todos los estudiantes habían escrito el nombre de Amenan Sarah en lugar de escribir el suyo propio, sabían que su compañera estaba en necesidad y eran solidarios con ella, eso es lo que me conmovió mucho.
 Solos podemos hacer tan poco;  juntos podemos hacer mucho.
 Moraleja: ¡¡¡¡¡Estemos siempre unidos!!!!!

Tomado de la Red

Publicado por JEAC.

domingo, 17 de abril de 2022

La Aceptación

 

"Alguien le preguntó al sabio Chanakya :
¿Qué es Veneno?
El sabio contestó : Cualquier cosa que sea más de lo que necesitamos, es Veneno. Puede ser Poder, Riqueza, Hambre, Ego, Codicia, Pereza, Lujuria, Ambición, Odio, o cualquier otra cosa.
¿Qué es el Miedo?
El Miedo es la no aceptación de la incertidumbre. Si la aceptamos, la incertidumbre se convertirá en una aventura.
¿Qué es la Envidia?
La Envidia es la no aceptación de lo bueno que hay en los demás. Si aceptáramos lo bueno que hay en los demás, entonces se convertiría en inspiración.
¿Qué es la ira?
La Ira es la no aceptación de la cosas que están fuera de nuestro control. Si las aceptamos, entonces se convertirá en tolerancia.
¿Qué es el Odio?
El Odio es la no aceptación de otra persona por su forma de ser. Si aceptáramos a las personas de una forma incondicional, entonces se convertiría en amor.
Por lo tanto, todo es cuestión de aceptación…
Si nos resistimos a aceptar, eso nos creará estrés… En cambio, ¡LA ACEPTACIÓN NOS LIBERA!"

Tomado de la red.

Publicado por JEAC.

viernes, 8 de abril de 2022

Evolucionar duele...

 

No pienses que despertar es hacer 'click' y cambiar de canal. De hecho es eso, pero hacer ese click tiene muchas consecuencias.
No creas que vas a escuchar ángeles, pajaritos y mariposas volando a tu alrededor. Nada de eso.
La verdad es que perderás amigos, no por nada malo en específico, te darás cuenta que ya no "vibran" en la misma frecuencia. Esto te pasará con familia, en el trabajo, en la universidad, a donde sea que vayas.
La distancia será inevitable, no vas a entender que te pasa y buscaras los momentos de soledad para reflexionar y para pensar sobre tu nueva forma de ver todo.
Comenzaras a llevar más consciencia a tus actos, más vida, más frescura.
Te vas a entregar más al momento presente, te sentirás más conectado contigo y eso te hará darte cuenta de lo errores que has venido cometiendo.
Investigando tu parte íntima, tu interior, te darás cuenta que tal vez sientes envidia y no lo imaginabas, tal vez sientes mucho enojo y no lo habías observado, tal vez tienes mucho resentimiento del pasado y sólo hasta ahora puedes verlo. Te darás cuenta que tú negaste tus aspectos negativos y ahora ellos tomaron el control, te darás cuenta que solo estuviste escondiendo bajo la alfombra algo que debes limpiar en ti.
La auto-observación es un proceso muy doloroso para la mente que sería incapaz de ofenderse así misma diciéndose envidiosa, odiosa, cobarde o desconfiada. Pero una vez que lo asumes, todo cambia.
De hecho, nos reencarnamos por no reconocernos, por no despertar.
Es normal sentirse mal, triste o solo. Busca libros, videos, información  nueva que te permita fortalecer esta fase de tu vida.
Después te comenzaras a sentir atraído a lugares y actividades que jamás habrías imaginado. Podrás conocer personas que jamás imaginaste conocer. Y todo eso te hará feliz.
Te darás cuenta como todo comienza a encajar, como todo está conectado.
Crecerás y comenzarás a ser mejor persona para ti y para los demás.
El universo te contesta y tu existencia toma otro ritmo, otra fragancia. Entonces se acaban los momentos de pedir y llegan los momentos de agradecer. Ahí has trascendido

Tomado de la web.

Publicado por JEAC.

sábado, 26 de marzo de 2022

No te defiendas cuando hablan mal de ti

 

Cuando tratas de defenderte estás dando demasiada importancia a las palabras de los otros y das más fuerza a sus opiniones.
Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que “escuchas”. Que son simplemente opiniones y que no tienes que convencer a los otros para ser feliz.
Tu silencio interno te vuelve sereno.
Practica el arte de no hablar. 
Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial dejando brotar la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría el “noble silencio".
Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.
No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son o lo que tienen capacidad de ser.
Instálate en el silencio y la armonía de todo el universo.

Thich Nhat Hanh.

Publicado por JEAC.

domingo, 13 de marzo de 2022

La guerra (Segunda Parte-Final)

 

Lo que causa la guerra, evidentemente, es el deseo de poder, de posición, de prestigio, de dinero, como asimismo la enfermedad llamada nacionalismo ‑el culto de una bandera- y la enfermedad de la religión organizada, el culto de un dogma. Todo eso es causa de guerra; y si vosotros como individuos pertenecéis a cualquiera de las religiones organizadas, si sois codiciosos de poder, si sois envidiosos, forzosamente produciréis una sociedad que acabará en la destrucción. Nuevamente: ello depende de vosotros y no de los dirigentes, no de los llamados hombres de Estado, ni de ninguno de los otros. Depende de vosotros y de mí, pero no parecemos darnos cuenta de ello. Si por una vez sintiéramos realmente la responsabilidad de nuestros propios actos, ¡cuán pronto podríamos poner fin a todas estas guerras, a toda esta miseria aterradora! Pero, como veis, somos indiferentes. Comemos tres veces al día, tenemos nuestros empleos, nuestra cuenta bancaria, grande o pequeña, y decimos: "por el amor de Dios, no nos moleste, déjenos tranquilos".

Cuanto más alta es nuestra posición, más deseamos seguridad, permanencia, tranquilidad, menos injerencia admitimos, y más deseamos mantener las cosas fijas, como están; pero ellas no pueden mantenerse como están, porque no hay nada que mantener. Todo se desintegra.

No queremos hacer frente a estas cosas, no queremos encarar el hecho de que vosotros y yo somos responsables de las guerras. Vosotros y yo charlamos de paz, nos reunimos en conferencias, nos sentamos en torno a una mesa y discutimos; pero en nuestro fuero íntimo, en lo psicológico, deseamos poder y posición, y nos mueve la codicia. Intrigamos, somos nacionalistas; nos atan las creencias, los dogmas, por los cuales estamos dispuestos a morir y a destruirnos unos a otros. ¿Creéis que semejantes hombres ‑vosotros y yo- podemos tener paz en el mundo?

Para que haya paz, debemos ser pacíficos; vivir en paz significa no crear antagonismos. La paz no es un ideal. Para mí un ideal es simple evasión, un modo de eludir lo que es, una contradicción con lo que es. Un ideal impide la acción directa sobre lo que es. Mas para que haya paz tendremos que amar, tendremos que empezar, no a vivir una vida ideal sino a ver las cosas como son y obrar sobre ellas, a transformarlas. Mientras cada uno de nosotros busque seguridad psicológica, la seguridad fisiológica que necesitamos ‑alimento, vestido y albergue- se ve destruida. Andamos en busca de seguridad psicológica, que no existe; y, si podemos, la buscamos por medio del poder, de la posición, de los títulos, de los nombres, todo lo cual destruye la seguridad física. Esto, cuando se lo considera, resulta un hecho evidente.

Para traer paz al mundo, por lo tanto, para detener todas las guerras, tiene que haber una revolución en el individuo, en vosotros y en mí. La revolución económica sin esta revolución interna carece de sentido, pues el hambre es el resultado del defectuoso ajuste de las condiciones económicas producido por nuestros estados psicológicos: codicia, envidia, mala voluntad y espíritu de posesión. Para poner fin al dolor, al hambre, a la guerra, es preciso que haya una revolución psicológica, y pocos de nosotros están dispuestos a enfrentar tal cosa. Discutiremos sobre la paz, proyectaremos leyes, crearemos nuevas ligas, las Naciones Unidas, y lo demás. Pero no lograremos la paz porque no queremos renunciar a nuestra posición, a nuestra autoridad, a nuestros dineros, a nuestras propiedades, a nuestra estúpida vida. Confiar en los demás es absolutamente vano; los demás no nos traerán la paz. Ningún dirigente, ni gobierno, ni ejército, ni patria, va a darnos la paz. Lo que traerá la paz es la transformación interna que conducir a la acción externa. La transformación interna no es aislamiento; no consiste en retirarse de la acción externa. Por el contrario, sólo puede haber acción verdadera cuando hay verdadero pensar; y no hay pensar verdadero cuando no hay el conocimiento propio. Si no os coocéis a vosotros mismos, no hay paz.

Para poner fin a la guerra externa, debéis empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros moverán la cabeza y dirán "estoy de acuerdo", y saldrán y harán exactamente lo mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento. Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis, entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo.

Jiddu Krishnamurti en “La libertad primera y última”

Publicado por JEAC.

viernes, 4 de marzo de 2022

La guerra (Primera Parte)

 

LA GUERRA. Jiddu Krishnamurti en “La libertad primera y última”

Krishnamurti: La guerra es la proyección espectacular y sangrienta de nuestra vida diaria, ¿no es así? La guerra es una mera expresión externa de nuestro estado interno, una amplificación de nuestra actividad diaria. Es más espectacular, más sangrienta, más destructiva, pero es el resultado colectivo de nuestras actividades individuales.

De suerte que vosotros y yo somos responsables de la guerra, ¿y qué podemos hacer para detenerla? Es obvio que la guerra que nos amenaza constantemente no puede ser detenida por vosotros ni por mi porque ya está en movimiento; ya está desencadenándose, aunque todavía en el nivel psicológico principalmente. Como ya está en movimiento, no puede ser detenida; los puntos en litigio son demasiados, excesivamente graves, y la suerte ya está echada. Pero vosotros y yo, viendo que la casa está ardiendo, podemos comprender las causas de ese incendio, alejamos de él y edificar en un nuevo lugar con materiales diferentes que no sean combustibles, que no produzcan otras guerras. Eso es todo lo que podemos hacer. Vosotros y yo podemos ver qué es lo que engendra las guerras, y si nos interesa detenerlas, podemos empezar a transformamos a nosotros mismos, que somos las causas de la guerra.

Una señora americana vino a verme hace un par de años, durante la guerra. Me dijo que había perdido a su hijo en Italia y que tenía otro hijo de dieciséis años al que quería salvar; de suerte que charlamos del asunto. Yo le sugerí que para salvar a su hijo debía dejar de ser americana; debía dejar de ser codiciosa, de acumular riquezas, de buscar el poder y la dominación, y ser moralmente sencilla, no sólo sencilla en cuanto a vestidos, a las cosas externas, sino sencilla en sus pensamientos y sentimientos, en su vida de relación. Ella dijo: "Eso es demasiado. Me pide usted demasiado. Yo no puedo hacer eso, porque las circunstancias son demasiado poderosas para que yo las altere". Por lo tanto, resultaba responsable de la destrucción de su hijo.

Las circunstancias pueden ser dominadas por nosotros, porque nosotros hemos creado las circunstancias. La sociedad es el producto de la relación; de vuestras relaciones y las mías, de todas ellas juntas. Si cambiamos en nuestra vida de relación, la sociedad cambia. El confiar únicamente en la legislación, en la compulsión, para la transformación externa de la sociedad mientras interiormente seguimos siendo corrompidos, mientras en nuestro fuero íntimo continuamos en busca del poder, de las posiciones, de la dominación, es destruir lo externo, por muy cuidadosa y científicamente que se lo haya construido. Lo que es del fuero íntimo se sobrepone siempre a lo externo.

¿Qué es lo que causa la guerra religiosa, política o económica? Es evidente que la creencia, ya sea en el nacionalismo, en una ideología o en un dogma determinado. Si en vez de creencias tuviéramos buena voluntad, amor y consideración entre nosotros, no habría guerras. Pero se nos alimenta con creencias, ideas y dogmas, y por lo tanto, engendramos descontento. La presente crisis, por cierto, es de naturaleza excepcional, y nosotros, como seres humanos, o tenemos que seguir el sendero de los conflictos constantes y continuas guerras, que son el resultado de nuestra acción cotidiana, o de lo contrario ver las causas de la guerra y volverles la espalda.

(Continuará)

Publicado por JEAC.