martes, 24 de septiembre de 2019

Mantén vivo el niño que fuiste


En mi opinión, nos han engañado quienes nos han hecho creer que cada vez que pasamos de una etapa a otra en nuestra vida tenemos que abandonar la anterior. No es necesario. Incluso es conveniente mantenerlas, porque cada una de ellas tienen cosas buenas que es mejor no perder, que es mejor no renunciar a ellas.
En esos exámenes de conciencia que hacemos de vez en cuando –que son exámenes de nuestro pasado- tenemos tendencia a la añoranza. Y en esas cosas que añoramos hay algunas que son imposibles de recuperar, pero hay otras que fuimos dejando, sin saber porqué, sin darnos cuenta, y ahora que las podemos ver lejos de nosotros nos damos cuenta de cuánto nos gustaría recuperarlas.
Por ejemplo, en mi caso -y eso que afortunadamente sigo teniendo un excelente sentido del humor- echo en falta más risas todavía, más alegría, más desparpajo, más espontaneidad, más predisposición a la broma, a la carcajada sin pudor, a la risotada escandalosa; echo en falta esas lágrimas de la risa y el dolor en la tripa de tanto reírme…
Echo en falta la capacidad de sorprenderme y emocionarme que tuve en otras etapas de mi vida, la emoción de los quince años, la locura de los veinte, la ilusión de los treinta, echo en falta la aventura, sentirme vivo en algo que fue natural y espontáneo en su momento y ahora parece que desapareció.
Nos han hecho creer –no sé quién- que los adultos tenemos que ser serios, que la vida es seria, que lo que se vaya a hacer –sea lo que sea- es serio; rodeamos de gravedad y severidad la mayoría de nuestros actos.
Se nos va poniendo día a día una seriedad pétrea en el rostro que es una pesada máscara, desagradable, que soportamos en muchas ocasiones sin ni siquiera llegarnos a plantear que nos la podemos quitar y estrellarla contra el suelo, que podemos recuperar a todos los que fuimos y ya no somos.
Se nos va la vida sin ponerle color y más sonrisas. Se nos va sin que nos atrevamos a decir “basta ya”, sin que tomemos muchas de esas decisiones que nos están esperando, sin que recuperemos a ese que nos gustaría recuperar: el que fuimos y nos gustaría seguir siendo.
Tal vez nos hemos construido sin darnos cuenta una vida que carece de una parte que es muy importante en la vida –o tal vez las circunstancias nos han obligado a construirla- pero es muy posible que nos hayamos quedado instalados en una comodidad desganada en la que pasan menos cosas de las que nos gustaría que pasaran. Y no me refiero a cosas externas, sino a cosas internas, a cosas que le pasen a nuestra alma.
Más que necesario es imprescindible recuperar y mantener viva la forma de ser de nuestros mejores momentos, alentar las mejores cualidades y capacidades, darse permiso para desdramatizar la vida y poner flores en forma de optimismo, sonrisas, vitalidad, ganas de compartirse, de comunicarse desde el corazón, de empaparse de emociones.
Es bueno recuperar el niño que fuimos, ese que era feliz sin poner condiciones y se permitía disfrutar continuamente. Y si no hemos podido ser ese niño, es el momento de serlo.
Te dejo con tus reflexiones…

Tomado de la web.


Publicado por JEAC.

lunes, 16 de septiembre de 2019

50 reglas de oro para la vida

Son 50 pero vale la pena leerlas y analizarlas una a una…


1. Nunca saludes de mano a nadie sin ponerte de pie.
2. En una negociación, nunca hagas la primer oferta.
3. Si te confían un secreto, guárdalo.
4. Regresa con tanque lleno el auto que te prestaron.
5. Haz las cosas con pasión o mejor no las hagas.
6. Cuando saludes de mano, hazlo firme y mirando a los ojos.
7. Vive la experiencia de hacer un viaje solo.
8. Nunca rechaces una pastilla de menta, las razones son obvias.
9. Acepta consejos si quieres llegar a viejo.
10. Acércate a comer con la persona nueva en la oficina.
11. Cuando le escribas a alguien enojado, termina y vuelve a leerlo, después bórralo y hazlo de nuevo.
12. En la mesa no hables de trabajo, política o religión.
13. Se Justo, defiende a los que son abusados sin abusar.
14. Escribe tus metas y luego trabaja por ellas.
15. Defiende tu punto de vista sin ofender ni insultar, se tolerante y respetuoso ante el ajeno.
16. Llama y visita a tus padres, hijos, familiares y amigos, no pierdas el tiempo esperando que ellos lo hagan primero.
17. Nunca te arrepientas de nada, aprende de todo.
18. En momentos o días de soledad, relájate, disfruta y aprende.
19. El honor y la lealtad son básicos en tu personalidad.
20. No le prestes dinero a quien sabes que no te pagará.
21. Cree en algo.
22. Tiende tu cama al levantarte por las mañanas.
23. Canta en la ducha.
24. Cuida una planta o un jardín.
25. Observa el cielo cada vez que puedas.
26. Descubre tus habilidades y explótalas.
27. Ama tu trabajo, o déjalo.
28. Pide ayuda cuando la necesites.
29. Enséñale un valor a alguien, de preferencia a un niño.
30. Valora y agradece a quien te tienda la mano.
31. Se amable con tus vecinos.
32. Hazle el día más alegre a alguien.
33. Compite contigo mismo.
34. Regá
late algo mínimo una vez al año.
35. Cuida tu salud.
36. Saluda con una sonrisa siempre.
37. Piensa rápido, pero habla despacio.
38. No hables con la boca llena.
39. Lustra tus zapatos y corta tus uñas.
40. No opines sobre temas que desconozcas.
41. Nunca maltrates a un animal.
42. Alza la voz ante las injusticias.
43. Nunca pierdas la maravillosa oportunidad de quedarte callado.
44. Reconoce a alguien su esfuerzo.
45. Se humilde ante todo.
46. Nunca olvides de donde vienes.
47. Viaja cada vez que te sea posible.
48. Cede el paso.
49. Baila bajo la lluvia.
50. Busca tu éxito, sin desistir.


Tomado de la web.


Publicado por JEAC.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Cambiar el mundo

Se cuenta que hubo un niño muy sensible e inteligente, que solía preocuparse y lamentarse por el estado en el que se encontraba el mundo.

Más adelante, durante su juventud, empezó a protestar y a quejarse por las políticas impulsadas por el Gobierno de su país.

Frustrado por no conseguir los cambios que deseaba, al llegar a la edad adulta centró sus críticas y juicios en su mujer y sus hijos. Fue sin duda una vida marcada por la lucha, el conflicto y el sufrimiento.

Sin embargo, al cumplir 80 años y aquejado de una enfermedad terminal, experimentó una revelación que transformó su manera de ver la vida. Tanto es así, que horas antes de fallecer dejó por escrito el epitafio que más tarde se escribiría sobre su tumba:

"Cuando era niño quería cambiar el mundo. Cuando era joven quería cambiar a mi país. Cuando era adulto quería cambiar a mi familia. Y ahora que soy un anciano y que estoy a punto de morir, he comprendido que si hubiera cambiado yo, habría cambiado todo lo demás".

Tomado de la web.


Publicado por JEAC.