domingo, 22 de noviembre de 2020

Decía Facundo Cabral...


 "La vida no te quita cosas: te libera de cosas… te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.

De la cuna a la tumba es una escuela; por eso, lo que llamas problemas, son lecciones.
No perdiste a nadie: El que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además, lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón.
No hay muerte… hay mudanza.
Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Miguel Ángel, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuelo y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas y nos aleja, porque nos hace desconfiados.
Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perusa, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileños, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman; la música de Mahler, Mozart, Chopin, Beethoven; las pinturas de Caravaggio, Rembrandt, Velázquez, Picasso y Tamayo, entre tantas maravillas.

•Y si tienes cáncer o sida, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas:
Si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto (tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas)… y si le ganas, serás más humilde, más agradecido… por lo tanto, fácilmente feliz, libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente, como debe ser.

•No estás deprimido, estás desocupado.
Ayuda al niño que te necesita, ese niño que será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas.
Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar de la naturaleza y cuidarla para el que vendrá.
Da sin medida y te darán sin medida.
Ama hasta convertirte en lo amado; más aún, hasta convertirte en el mismísimo Amor.
Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas.

•El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso.
Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan a la vida. Vale la pena, ¿verdad?.
“Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír”

Facundo Cabral.

Publicado por JEAC.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

El Juez justo

 

Un rey argelino llamado Bauakas quiso averiguar si era cierto o no, como le habían dicho, que en una de sus ciudades vivía un juez justo que podía discernir la verdad en el acto, y que ningún pillo había podido engañarle nunca. Bauakas cambió su ropa por la de un mercader y fue a caballo a la ciudad donde vivía el juez.

A la entrada de la ciudad, un lisiado se acercó al rey y le pidió limosna. Bauakas le dio dinero e iba a seguir su camino, pero el tullido se aferró a su ropaje.
 — ¿Qué deseas? -preguntó el rey- ¿No te he dado dinero?
 — Me diste una limosna -dijo el lisiado- ahora hazme un favor. Déjame montar contigo hasta la plaza principal, ya que de otro modo los caballos y camellos pueden pisotearme. Bauakas sentó al lisiado detrás de él sobre el caballo y lo llevó hasta la plaza. Allí detuvo su caballo, pero el lisiado no quiso bajarse.
 — Hemos llegado a la plaza, ¿por qué no te bajas? -preguntó Bauakas.
 — ¿Por qué tengo que hacerlo? -contestó el mendigo-. Este caballo es mío. Si no quieres devolvérmelo, tendremos que ir a juicio.
Al oír su disputa, la gente se arremolinó alrededor de ellos gritando:
 — ¡Id al juez! ¡Él juzgará!

Bauakas y el lisiado fueron al juez. Había más gente ante el tribunal y el juez llamaba a cada uno por turno. Antes de llegar a Bauakas y al lisiado, escuchó a un estudiante y a un campesino.
Habían ido al tribunal a causa de una mujer: el campesino decía que era su esposa y el estudiante decía que era la suya. El juez escuchó a los dos, permaneció en silencio durante un momento, y luego dijo:
 — Dejad a la mujer aquí conmigo y volved mañana.

Cuando se hubieron ido, un carnicero y un mercader de aceite se presentaron ante el juez. El carnicero estaba manchado de sangre y el mercader de aceite. El carnicero llevaba unas monedas en la mano y el mercader de aceite se agarraba a la mano del carnicero.
 — Estaba comprando aceite a este hombre -dijo el carnicero- y, cuando cogí mi bolsa para pagarle, me cogió la mano e intentó quitarme todo el dinero. Por eso hemos venido ante ti; yo sujetando mi bolsa y él sujetando mi mano. Pero el dinero es mío y él es un ladrón.
A continuación habló el mercader de aceite:
 — Eso no es verdad -dijo-. El carnicero vino a comprarme aceite y después de llenarle un jarro, me pidió que le cambiara una pieza de oro. Cuando saqué mi dinero y lo puse en el mostrador, él lo cogió e intentó huir. Lo agarré de la mano, como ves y lo he traído ante ti.
El juez permaneció en silencio durante un momento, luego dijo:
 — Dejad el dinero aquí conmigo y volved mañana.

Cuando llegó su turno, Bauakas contó lo que había sucedido. El juez lo escuchó y después pidió al mendigo que hablara.
 — Todo lo que ha dicho es falso -dijo el mendigo-. Él estaba sentado en el suelo y yo iba a caballo por la ciudad, cuando me pidió que lo llevase. Lo monté en mi caballo y lo llevé a donde quería ir. Pero, cuando llegamos allí, no quiso bajarse y dijo que el caballo era suyo, lo cual no es
cierto.
El juez pensó un momento, luego dijo:
 — Dejad el caballo conmigo y volved mañana.

Al día siguiente, fue mucha gente al tribunal a escuchar las sentencias del juez.

Primero vinieron el estudiante y el campesino.
 — Toma tu esposa -dijo el juez al estudiante- y el campesino recibirá cincuenta latigazos.
El estudiante tomó a su mujer y el campesino recibió su castigo.

Después, el juez llamó al carnicero.
 — El dinero es tuyo -le dijo. Y señalando al mercader de aceite, dijo:
 — Dadle cincuenta latigazos.

A continuación llamó a Bauakas y al lisiado.
 — ¿Reconocerías tu caballo entre otros veinte? -preguntó a Bauakas.
 — Sí -respondió.
 — ¿Y tú? -preguntó al mendigo.
 — También -dijo el lisiado.
 — Ven conmigo -dijo el juez a Bauakas.
Fueron al establo. Bauakas señaló inmediatamente a su caballo entre los otros veinte. Luego el juez llamó al lisiado al establo y le dijo que señalara el caballo. El mendigo también reconoció el caballo y lo señaló. El juez volvió a su asiento.
 — Coge el caballo, es tuyo -dijo a Bauakas- Dad al mendigo cincuenta latigazos.

Cuando el juez salió del tribunal y se fue a su casa, Bauakas le siguió.
 — ¿Qué quieres? -le preguntó el juez-. ¿No estás satisfecho con mi sentencia?
— Estoy satisfecho -dijo Bauakas-. Pero me gustaría saber cómo supiste que la mujer era del estudiante, el dinero del carnicero y que el caballo era mío y no del mendigo.

 — De este modo averigüé lo de la mujer: por la mañana la mandé llamar y le dije: «¡Por favor, llena mi tintero!» Ella cogió el tintero, lo lavó rápida y hábilmente y lo llenó de tinta; por lo tanto, era una tarea a la que ella estaba acostumbrada. Si hubiera sido la mujer del campesino, no
hubiera sabido cómo hacerlo. Esto me demostró que el estudiante estaba diciendo la verdad.

Y de esta manera supe lo del dinero: lo puse en una taza llena de agua, y por la mañana miré si había subido a la superficie algo de aceite. Si el dinero hubiera pertenecido al mercader de aceite, se hubiera ensuciado con sus manos grasientas. No había aceite en el agua, por lo tanto, el carnicero decía la verdad.

Fue más difícil descubrir lo del caballo. El tullido lo reconoció entre otros veinte, igual que tú. Sin embargo, yo no os llevé al establo para ver cuál de los dos conocía al caballo, sino para ver cuál de los dos era reconocido por el caballo. Cuando te acercaste, volvió su cabeza y estiró el cuello hacia ti; pero cuando el lisiado lo tocó, echó hacia atrás sus orejas y levantó una pata. Por lo tanto supe que tú eras el auténtico dueño del caballo.

Entonces, Bauakas dijo al juez:
 — No soy un mercader sino el rey Bauakas. Vine aquí para ver si lo que se decía sobre ti era verdad. Ahora veo que eres un juez sabio. Pídeme lo que quieras y te lo daré como recompensa.
 — No necesito recompensa, -respondió el juez-. Estoy contento de que mi rey me haya elogiado.

Tomado de la web.

Publicado por JEAC.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Comprender a los otros


 En mi opinión, estar atento a la vida -en general- y a la vida personal, aporta situaciones, reflexiones y vivencias que de otro modo no se darían.

La atención es imprescindible en esto de VIVIR.
Si se profundiza, uno llegará a darse cuenta de lo despistado que es en este asunto de VIVIR, de lo desatento que está, y de cuánto se pierde por eso; uno se dice a menudo “¡cómo no me he dado cuenta antes!”, o no pone palabras pero se queda con cara de alelado ante algunos delos descubrimientos.
Una de las cosas que más me están sorprendiendo últimamente es el hecho de que me fijo en las personas como no había hecho nunca. Llevo toda mi vida tratando con muchísimas personas y hasta hace poco tiempo no veía nada más que una cara y un cuerpo, alguien que sólo tomaba existencia el tiempo que estaba conmigo y nada más después. Debo confesar, avergonzado, que muy pocas veces me paré a pensar qué había detrás de esa cara en la queme centraba, qué era de su vida el resto del tiempo, cómo era su día a día, cuáles sus inquietudes, qué le motivaba o cuáles eran sus miedos más profundos y sus secretos más secretos.
Pocas veces me permití sentirme en otra piel, meterme en sus zapatos, imaginar sus noches y sus preocupaciones, las cosas que hacían cuando no estaba conmigo, o cómo daban vueltas y vueltas en la cama porque un problema no les dejaba dormir exigiéndoles una solución que no eran capaces de encontrar.
Y no imaginé cómo estarían sus corazones de cicatrices, cuántas lágrimas llevarían acumuladas, o cómo sería de trágico el día que hacían cuentas con su pasado y éste les exponían todas sus reclamaciones. O vivir en una desesperación sin una esperanza con la que consolarla. O su desolación.
Han tenido que pasar muchos años de vida para llegar –con mucho retraso- a este momento en que sí soy capaz de ver más allá de lo visible, en que soy capaz de empatizar y dolerme con su dolor y estremecerme con sus cosas y abrazar sus sufrimientos como si fuesen los míos.
Comprender es “encontrar justificados o naturales los actos o los sentimientos de otros”. Para conseguir eso es muy interesante usar la empatía, que es “la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”. Ahora les comprendo y siento empatía.
Identificar es “hacer que dos cosas se consideren como una misma”, dicho de otro modo es“ser idéntico al otro”. Ahora me identifico.
O sea, es pensar como el otro, sentir como el otro, entrar en el otro y ser como es él, y no quedarse en el espectador externo que se permite juzgar desde su piel sin entrar en la otra, sin entender que si él fuese el otro y hubiese tenido su misma infancia y su misma educación, sus mismos miedos y experiencias, sus mismas circunstancias y frustraciones, sería exactamente igual que el otro y haría exactamente lo mismo.

Comprender es, también, “contener, incluir en sí alguna cosa”. Si comprendo a alguien lo meto dentro de mí, pasa a formar parte de mí, y eso me capacita para sentir una inmensa y notable empatía, para llorar sus mismas lágrimas y sentir sus temblores. Y ese es el modo de integrar que el otro es un Ser Humano, como lo es uno mismo; que el otro puede tener el sufrimiento ardiendo de tanto usarlo, que sus piernas a veces no quieren moverle, o que la noche sea su enemiga.
Comprender es “entender, alcanzar, penetrar”. Salirse de los juicios o prejuicios, mirar con mirada nueva, no ver desde la distancia que permite no contaminarse de la otra persona sino penetrar para saber y sentir con perfección el punto de vista o de estancamiento o de dolor del otro.
Es conocer su ánimo, su pensar, sus motivos y razones, ver más allá de lo que muestra y de lo que parece. Y es la única forma de saber, de verdad, quién es el otro.
Sólo después de integrar todo lo anterior uno puede entender de un modo nuevo y distinto a cada persona que tiene enfrente, a cada persona que hace algo que le resulta incomprensible o que actúa de un modo distinto de como lo haría uno mismo. Después de esto uno amplía su campo de comprensión, se hace más abierto y más noble, más fraternal y amable.
Y por todo ello, se gusta más a sí mismo.
Te dejo con tus reflexiones…

Tomado de la web.

Publicado por JEAC.