domingo, 24 de enero de 2021

¿Sabes lo que eres?

 

Siento y creo que en todos nosotros hay un alma pura; una energía inconmensurable que tiende al equilibrio, a la honestidad y la bondad. Sigo creyendo esto, por muchas tortas que me de la vida.
Separo el actor de la comedia y el observador del protagonista. Hemos venido a interpretar un papel; el nuestro, el de cada uno. Aquel que le es más útil al alma y a su evolución.
No lo recordamos. Olvidamos el compromiso con nosotros mismos que hemos hecho antes de experimentar esta vida. Lo olvidamos todo porque de otra forma nunca actuaríamos como lo hacemos. Nunca tendríamos la oportunidad de volver a equivocarnos, de construir sobre lo que ya fuimos o de crecer más allá de lo creemos ser.
Cuando alguien se comporta de forma detestable, veo al personaje. Al papel que está haciendo aún sin saberlo; veo su pasado, los dolores que lleva impresos en su ADN, lo víctima que fue de otras víctimas, quizás. Y por eso es fácil que llegue al perdón mediante la comprensión.
Conocer facilita el camino hacia la compasión, por los otros o por uno mismo. En definitiva, también somos un personaje con un papel en este escenario de la vida. Todo pasará y pasará incluso más rápido de lo que querríamos. Todo tendrá un final. Lo bueno y lo malo. Lo que interpretamos, lo que sabemos o lo que creemos saber.
En ese final, habrá recompensa. Estará esperándonos la verdad. La única de la que ya no podremos evadirnos hayamos sido como hayamos sido. Y el encuentro del actor con su director descubriremos la verdadera razón de la existencia. Y lo entenderemos entonces. Y no necesitaremos razones, ni explicaciones, ni porqués sin aclarar, ni puertas cerradas, ni habitáculos sin techo.
Entonces, nuestra alma encontrará la paz que merece y, que sin saberlo, tanto busca de miles de formas.
Entonces tú y yo seremos uno. Y todo estará explicado.

Tomado de: Mirar lo que no se ve

Publicado por JEAC.

domingo, 17 de enero de 2021

Fábula del helecho y el bambú

 

Hay una fábula que me encanta. La fábula del helecho y el bambú.
Cuenta de un hombre que estaba cansado de todo.  El esfuerzo diario, las luchas internas, las expectativas de otros y más...  contaba este hombre;
<Un día decidí darme por vencido…renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi vida. Fui al bosque para hablar con un anciano que decían era muy sabio.
-¿Podría darme una buena razón para no darme por vencido? Le pregunté.
-Mira a tu alrededor, me respondió, ¿ves el helecho y el bambú?
-Sí, respondí.
-Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.
-En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el tercer año, aún nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú.
-En el quinto año un pequeño brote de bambú se asomó en la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante.
-El sexto año, el bambú creció más de 20 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces que lo sostuvieran. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.
-¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? Le dijo el anciano y continuó…
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces.

 Anónimo.

Publicado por JEAC.

martes, 5 de enero de 2021

Un e-mail para ti


Uno de los mejores ejercicios, al comienzo del año, es la evaluación de nuestros comportamientos en el que ya ha pasado. Sin reproches, pero con honestidad y claridad mental.

Cosas mejorables, acciones disonantes, comportamientos dolientes, intenciones no cumplidas, promesas rotas, intenciones remediables, sueños por realizar… innumerables formas de haber encarado la vida acertada o desafortunadamente.

En cualquier caso, la mejor terapia es escribir. Escríbete una carta a ti mismo. Estate feliz de recibirla como cuando las recibes de otras personas. Se tu mejor amigo dialogando contigo. Obsérvate desde fuera. Ríndete a la evidencia. Congratúlate con tus demonios y expulsa a tus fantasmas. Dale la mano a la esperanza y siéntate con las posibilidades inmensas del año que comenzamos y está por desplegarse ante nosotros.

Cada noche, en la intimidad oscura de tu silencio interior, pregúntate qué tres cosas podrías haber mejorado en tu día. Qué otras tres cosas has aprendido en él. Qué tres cosas te propones para el siguiente.

No podemos vivir yendo siempre hacia delante sin mirar el rastro que dejamos atrás. Es necesario conocerlo, para mejorarlo aún más o para no volverlo a repetir nunca.

Recibe ese e-mail de ti para ti. Hazlo mentalmente si no te gusta o te da pereza escribir. Vete diciéndote cada palabra que tú dirías a tu mejor amigo en tus circunstancias y hazle caso a tu voz interior.

Es una buena forma de comenzar el año con otra disposición. Una que evite tu ego y te conecte con tu mejor ser. Y entonces comenzará a cambiar lo de afuera.

Entonces, habrás dispuesto en torno a ti, las  mejores circunstancias para que todo suceda como te gustaría.

Tomado de: Mirar lo que no se ve

Publicado por JEAC.