domingo, 19 de junio de 2022

Dientes caídos

 

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.
Después de despertar, mandó llamar a un Sabio para que interpretase su sueño.
¡Qué desgracia Mi Señor!, exclamó el Sabio, Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
¡Qué insolencia!, gritó el Sultán enfurecido,
¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!
Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado.
Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a
todos vuestros parientes.
Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.
Recuerda bien amigo mío, respondió el segundo Sabio, que todo depende de la forma en el decir..

Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, mas la forma con que debe ser comunicada es lo que provoca en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

Tomado de la red.

Publicado por JEAC.

jueves, 2 de junio de 2022

El Árbol de Manzanas

 

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y le daba sombra cuando descansaba. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño.
Paso el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que éste le dijo:
– Estoy muy triste. ¿Vienes a jugar conmigo?
Pero el muchacho contestó:
– Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos.

-Lo siento, dijo el árbol - Pero no tengo dinero. Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes.

El muchacho se sintió muy feliz. Entonces tomó todas las manzanas, las vendió y pudo obtener mucho dinero para sus juguetes.
Y el árbol volvió a ser feliz, porque el muchacho se fue muy feliz.
Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho, ya adulto, regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:
– ¿Vienes a jugar conmigo?
El muchacho respondió:
– No tengo tiempo para jugar. Debo de trabajar para mi familia. Necesito terminar unos muebles para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

Entonces el árbol le respondió:
– Lo siento no tengo unos muebles, pero… puedes cortar mis ramas y terminar de construir tus muebles.
El joven cortó todas las ramas del árbol para poder concluir con la construcción de sus muebles.
Y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día, muchos años después, el hombre regresa y el árbol estaba alegre de verle y le preguntó:
– ¿Ahora sí vienes a jugar conmigo?
El hombre contesta:
– Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?

El árbol le contestó:
– Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz.
El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de otros tantos años más y el árbol le dijo:
– Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni madera, ni manzanas, ni siquiera sombra, todo te lo he dado.
El hombre ya muy viejo, respondió:
– No tengo dientes para morder manzanas, ni fuerza para escalar tu tronco. Ya estoy viejo. Entonces el árbol contristado le dijo:
– Realmente no puedo darte nada. La única cosa que me queda son mis raíces a punto de morir.
Y el hombre contestó:
– Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años. Bueno… las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar.
El árbol aún en su agonía se puso muy feliz y le dijo:
– Ven siéntate mi pequeño niño, ven conmigo y descansa. Aún en mis últimos días puedo darte amor y compañía.
El hombre se sentó junto al árbol y otra vez fue feliz a su lado.

Esta es la historia de cada uno de nosotros, el árbol son nuestros padres, cuando somos niños, los amamos y jugamos con mamá y papá… cuando crecemos los dejamos, algunos solo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas, no importa lo que sea, ellos siempre están ahí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices.
Tu puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como algunos hemos tratado a nuestros padres.
Respeta a tus padres todos los días de tu vida! aprovecha mientras los tienes a tu lado, no sea que pronto tengas que arrepentirte y no puedas devolver el tiempo.

Autor desconocido.

Publicado por JEAC.