miércoles, 22 de marzo de 2017

Qué es la vejez?

Qué es llegar a ser tan viejo como usted, qué se aprende, qué se hace?

La vejez nos enseña a progresar mirando hacia lo positivo que nos ofrece un corto futuro.  Haciéndonos conscientes de que nos queda poco tiempo, nos enseña a transmitir a las nuevas generaciones los conocimientos adquiridos.

Cuando hemos alcanzado un alto nivel de conciencia, con la    vejez y la renuncia a la seducción, desanudamos las amarras que nos ligan al cuerpo, y sin negarlo, sabiendo que es el templo donde hemos habitado tantos años, respetuosos dejamos  de considerarlo nuestra identidad. A pesar de habernos programado para vivir una larga vida, por saber que ya estamos cerca del fin  somos capaces de captar la hermosura del tiempo que pasa. Cada segundo de vida nos parece un regalo sublime... Como los que sufren una enfermedad  terminal, conscientes de que disponemos de un tiempo limitado, nos contentamos con los que somos, con lo que tenemos. Dejamos de apegarnos a lo superfluo, permitimos que se esfumen las esperanzas, y al cesar las esperanzas cesa el miedo. Todo es un obsequio: las pequeñas satisfacciones, los sutiles mensajes de los sentidos, el cariño que nos baña como un bálsamo el corazón, los encuentros amables con otros seres humanos, la capacidad de servir de ayuda a los demás. Cada día es un buen día.

Envejecer no es decaer mentalmente ni convertirse en una ruina. Si nos hemos preocupado de mantener la salud de nuestro cuerpo evitando drogas  y alimentos nocivos o tomados en exceso; si nos hemos preocupado de hacer cada día un poco de ejercicio, de meditar un par de minutos diarios, de seguir aprendiendo cosas nuevas, de desarrollar frente a la impermanencia una plácida humildad, conservaremos hasta el último momento la lucidez juvenil, y gracias al estado angélico que nos produce la disminución del deseo sexual la vejez es una maravillosa etapa de nuestra vida. Quizás la mejor...

Libres de angustias, de ambiciones, de posesiones inútiles, de ilusiones irrealizables, del deseo de ser reconocidos; capaces de amar incluso a quienes nos detestan, de aceptar lo ataques y las críticas con simpatía, de silenciar el intelecto, de abrir el corazón a todas las direcciones, de ayudar a los otros a liberarse del sufrimiento. Aunque más presentes que nunca sabemos vivir como si ya hubiéramos desaparecido, gozar del supremo placer de crear artísticamente por amor a la obra y no por amor al aplauso, de colaborar en la mutación de la sociedad, de trabajar por un mundo mejor y sobre todo, de encauzar a los jóvenes hacia la liberación de la conciencia, eliminando las prohibiciones, las órdenes, las ideas estancadas convertidas en prejuicios, los miedos, las creencias sin experiencia, y los demás muros opresores inculcados por la familia, la sociedad, la cultura y la historia.

Alejandro Jodorovsky.


Publicado por JEAC.

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